Hacía mucho tiempo que no entrábamos en el Real Monasterio y atravesábamos las rejas del Coro para adentrarnos en esta parte de la historia de Badajoz tan desconocida para la inmensa mayoría de los Pacenses. La restauración de 1998 llevada a cabo por D. Francisco Hipólito, permitió reubicar el Archivo y un Museo que hoy aglutina además, obras de otros Conventos que existieron en Badajoz como el de Santa Lucía, Madre de Dios, Santa Catalina y otros Monasterios de la provincia desamortizados y que custodian y cuidan ejemplarmente las monjas de la Comunidad de Santa Ana, recientemente agrandada por las Clarisas de Jerez de los Caballeros que además de aportar espiritualidad al Convento nos dulcifican con una repostería de primer orden que permite la subsistencia de todas ellas y de las mejoras y acondicionamiento de la fábrica.
La visita corrió a cargo de Sor María Celina de la Presentación Sosa Monsalve que hizo una exposición general del Convento, del Retablo de la Iglesia que las monjas compraron en 1772 al Convento Pacense de San Francisco, como narra en su último artículo de la Revista de Estudios Extremeños, la desaparición de la ermita de Belén y de las malas ventas y/o engaños que sufrieron las monjas, fruto de los cuales son los edificios que rodean la parcela que pertenecieron al Monasterio, etc.
Después asistimos, en pequeños grupos, a la visita del museo donde Sor Celina nos fue narrando las piezas que allí se almacenan con una exquisita delicadeza, con el mismo cariño como si hubieran salido de sus manos.
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